noviembre 5, 2019 - Nota Económica

Durante el periodo número 46 de las sesiones del Comité de Seguridad Alimentaria celebradas en Roma, Italia, la primera dama de Colombia manifestó que el gobierno apostará por lograr la erradicación de las muertes por malnutrición. Solo en 2018 2.930 de las muertes no fetales ocurrieron como consecuencia de esta problemática y si bien a nivel nacional eso represento solo un 1,3% de las muertes, en La Guajira son responsables del 5,6% de las muertes, de hecho, el departamento está identificado como una zona de riesgo, pues sumado a los altos niveles de mortalidad por desnutrición existe un problema de acceso al agua.

Los efectos de una mala nutrición pueden manifestarse décadas después en problemas de salud graves tales como acumulación de grasa abdominal, la limitación del desarrollo psicomotor, fragilidad ósea y debilitamiento del sistema inmune. Asimismo, la mala nutrición puede afectar los resultados escolares y laborales de los individuos a largo plazo (Heckman & Masterov, 2007) al disminuir los niveles de productividad en ambos ámbitos de desarrollo.

Sin embargo, de acuerdo al ministerio de salud “la situación nutricional de un niño o niña y su sobrevivencia hasta los 5 años dependen directamente de sus prácticas de alimentación y tienen repercusiones a lo largo de su vida”. Por lo que, si bien esta problemática afecta todos los ciclos de la vida del ciudadano, su impacto es mucho mayor durante esta etapa de crecimiento. De hecho, se estiman que en los países en desarrollo la pérdida del potencial humano por desnutrición durante esta etapa, está asociada a una disminución de más del 20% en el salario adulto Grantham- McGregor et al. (2007)

Por ello, la nutrición infantil se ha convertido en una de las metas Globales 2025 de la Organización Mundial de la Salud, esperando reducir en un 40% el número de niños menores de 5 años con retraso de crecimiento. En Colombia mientras en 1990 el 26,1% de los infantes en esta etapa presentaban un retraso de talla, para la última Medición disponible de la Encuesta Nacional de Salud Nutricional de 2015 el porcentaje era del 10,8%, evidenciando una caída del 15,3% que, si bien lo ponía en buen camino hacia la meta del 40%, no era equitativo en el interior del territorio nacional.

Si bien a nivel nacional solo el 10,8% de los niños menores de cinco años se encuentran con retraso de crecimiento, en la región caribe estos son el 12,1% y para la Guajira en particular corresponden al 16,8%, de hecho, el retraso en crecimiento es superior en La Guajira para todas las etapas de crecimiento, frente al promedio nacional como evidencia la tabla 1.

Lo que podría interpretarse como el hecho de que los elevados niveles de desnutrición infantil en el departamento, han mostrado una clara repercusión en el resto de las etapas de crecimiento hasta alcanzar la mayoría de edad. Así, las intervenciones entre los 0 y 5 años para mejorar los niveles de nutrición pueden no solo repercutir en el resto de etapas de crecimiento, sino que además tienen un efecto importante en el ahorro futuro en los gastos de salud, por las mejoras en salud de la población y la resultante disminución de la mortalidad (Behrman et al., 2004).

En este sentido, resulta preocupante el hecho de que la lactancia materna exclusiva hasta los seis meses en el país pasó del 42,8% en 2010 a solo el 36,1% en 2015, puesto que la Organización Mundial de Salud recomienda que al menos hasta los 6 meses de edad el niño sólo sea alimentado con lactancia materna, pues este tipo de alimentación garantiza la mejor nutrición en esta etapa. En la Guajira menos del 33% de los niños cumplen con este requisito alimentario, es allí donde las labores de los bancos de leche humana que buscan mejorar la cultura al respecto de este tipo de nutrición y romper algunas barreras culturales que se presentan al especto, juegan un papel esencial.

En la Guajira la prestación de este tipo de servicios se ve dificultada por barreras geográficas, económicas y culturales, pues históricamente la fuerte dependencia de la economía sobre el sector minero, la ha mantenido algo desconectada de los circuitos económicos del país (Bonet Moron & Hann De Castro, 2017), ha generado inequidades en el territorio y el choque cultural con la cultura Wayuu, que hace parte del vertebra de la sociedad al interior del departamento. A esto se le suma, que al ser un territorio desértico La Guajira cuenta con dificultades geográficas como una baja precipitación, humedad relativa y un intenso brillo solar que hace únicamente a los municipios del sur y centro del departamento propicios para el cultivo de alimentos.

Sin embargo, la producción de alimentos es escasa para atender la demanda de los habitantes en el departamento, la cual es suplida con la oferta de departamentos cercanos, pero sus vías de acceso son susceptibles a cierres. Ello ha llevado a que el acceso seguro y permanente de los hogares a alimentos suficientes en cantidad y calidad, para una vida sana y activa sea insuficiente, presentando niveles de inseguridad alimentaria un 20% superiores al promedio nacional, aun cuando en los últimos cinco años se observó una reducción del número de hogares en esta situación como evidencia la tabla 2.

A pesar de ello, la proporción de muertes asociadas a problemáticas nutricionales siguen en aumento en La Guajira, mientras a nivel nacional la tendencia es hacia la reducción como evidencia el Gráfico 1. Así que si bien, ha habido una leve mejoría en cuanto al acceso seguro de los alimentos este no ha sido suficiente.

¿Cómo se pueden mejorar los niveles de nutrición?

Como se planteaba anteriormente, en La Guajira existen retos para la nutrición que van más allá del acceso a los alimentos e incluyen barreras culturales, de manera que para combatir esta problemática en el departamento se sugiere seguir el enfoque sugerido bajo la iniciativa de la Casa Grande Caribe:

  • Recuperación nutricional de niños con desnutrición aguda: Hacer uso de los Centros de Desarrollo Infantil como centro de desarrollo para infantes. Se sugiere ampliar la operación de estos centros y complementarlos con profesionales y especialistas en temas nutricionales que puedan ofrecer un apoyo a la comunidad afectada, así como la creación de bancos voluntarios de alimentos en los que sea posible que comunidades aledañas que deseen contribuir puedan hacerlo.
  • Recuperación nutricional de madres gestantes: Brindar atención a las mismas de la importancia en cuanto a lactancia materna, composición balanceada de una comida durante la gestación, medidas sanitarias, anticonceptivos post partos entre otros.
  • Prevención de la desnutrición en los niños entre cero y hasta dos años: a través del Desarrollo Infantil en Medio Familiar (DIMF), mediante la cual se le entrega un paquete alimentario (para la casa) pensado para 5 días que garantice el 70% de requerimiento calórico diario del niño durante sus primeros 24 meses.
  • Atención a la primera infancia para los niños entre los 2 y los 4 años cumplidos, utilizando los Hogares Comunitarios de Bienestar y los CDI previamente explicados.
  • Estimulación de la oferta nutricional local, a través del estímulo del sector
  • agrícola y ganadero en el departamento, que contribuyan a disminuir la
  • dependencia del mismo de la oferta alimentaria externa.

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